Comienzo diciendo que hemos completado el reto, Half Ironman de Salou, 113 km repartidos en 3 modalidades deportivas, y después 6 pruebas de memoria rápida. Digo “hemos” porque esto ha sido posible gracias a mucha gente a la que tengo mucho que agradecer y a la que dedicaré un artículo.

Madrugón, a las 5:25 de la mañana, dejar barritas energéticas en la bici y preparado para el reto. A las 7:40 de la mañana pistoletazo de salida. Me esperaban 1900 metros de natación con viento, olas y fuertes corrientes. Euforia y toma de conciencia de que por fin estoy cumpliendo el reto.

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Ante la complicada situación del agua, me lo tomo con calma, se me hace complicado nadar recibiendo bofetadas de las olas que hacen que trague agua. Los primeros 900 metros son los más complicados, después me siento mejor, controlo mejor la situación y cuando damos la vuelva a la boya me doy cuenta de que el agua me lleva, ahora tengo a la corriente a mi favor, aprovechémosla.

Mientras llego a la orilla veo que me salen 2100 metros, esperaba hacer algo más de distancia para evitar los golpes de otros triatletas.

Comienzo la bicicleta, pillo un bache y se me bloquea la rueda delantera. Tengo que bajar a solucionar la incidencia, que consigo arreglar en pocos minutos. Sigo mirando continuamente la velocidad media del tramo bici y viendo como va subiendo hasta los 28 km/h.

Llega un momento crucial que cambiará el transcurso de la prueba. Primer avituallamiento, km 23, cojo el bidón y una barrita energética, la guardo y cojo una mía que tenía empezada. Curva a la izquierda y me meto en el arcén (no sé porqué), viento lateral, gravilla en el suelo y meto la rueda en el huevo que queda donde acaba el asfalto. Me derrapa la rueda delantera, controlo como puedo pero derrapo hacia el otro lado y me voy al suelo. Mientras caigo me da tiempo a pensar: me estoy cayendo. Paro el golpe con las manos. Golpe en la cabeza (suerte del casco) y mientras sigo en el suelo paso la lengua por los dientes para comprobar que no tenga ninguno roto. Me levanto como puedo, la zona del cambio derecho del manillar está torcida, el acople derecho también, la visera del casco por el suelo, allí se va a quedar.

Autodiagnóstico, magulladuras por el brazo y mano izquierdas, sangre en el hombro izquierdo, dolor en la zona izquierda de las costillas y en el cuádrices derecho.

Grito de rabia e impotencia. Aquí puede acabar el sueño. Recojo las barritas, geles y demás que está esparcido por el suelo, vuelvo a la bici pero la cadena está salida, se ha enganchado con el desviador. Intento colocarla pero no puedo. Estoy manchado de grasa, me chorrea sangre por el brazo izquierdo pero no quiero abandonar. Enderezo el manillar y tras varios intentos consigo colocar la cadena. Subo a la bici y veo que puedo avanzar. Cuando cojo velocidad vuelvo a gritar de rabia, agarro el acople o lo enderezo.

Analizo la situación. Las magulladuras no me preocupan, es superficial y es la quemadura con el asfalto. Las costillas duelen pero es soportable. El cuádriceps derecho es lo que me preocupa, tengo una rotura fibrilar, es bastante fuerte y me duele al pedalear. Mi potencia de pedaleo a bajado, voy a unos 25 km/h y sé que hay unos tiempos de corte que tengo que superar o seré descalificado. Quedan 66 km en bici y después tengo que correr 21 km. No sé si podré correr en este estado pero voy a por todas. La experiencia me ha enseñado que hay veces que es mejor abandonar a tiempo, así que tengo claro que si veo que empeoro pararé para no agravar las lesiones.

A medida que avanzo va remitiendo el dolor. Pienso en la frase de la charla de Miguel: “Quien lucha sin descanso triunfa!”. Sé que mientras el músculo esté caliente podré seguir la carrera. Tengo viento en contra y he aumentado algo la velocidad, sé que cuando haga el cambio de sentido tendré viento a favor y eso me anima.

A punto de completar el tramo de ciclismo, pido a todos los que veo de la organización Reflex pero nadie tiene. Allí está mi familia y amigos, Miguel Ángel Vergara y Daniel están allí animándome. Sé que inevitablemente se preocuparán por mis heridas. Grito: “No hay dolor!”

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Comienzo a correr y duele, duele mucho. Me vuelvo a cruzar con la familia y amigos y hago mala cara. Llevo 300 metros y pienso: son 21!. Me encuentro con unas personas de la organización con SOS en la camiseta, es pido ayuda y me dicen que vaya a los servicios médicos, veo que tengo que retroceder para ir y les digo que ya iré en otra vuelta. Me dicen: “¿Pero vas a seguir?”. Respondo “Voy a intentar terminar”.

A medida que avanzo el cuádriceps va respondiendo mejor. He acortado la zancada para evitar estirar el músculo, he bajado mi ritmo de carrera para poder terminar. Me cruzo con una ambulancia y por fin consigo reflex. La mujer que me atiende me dice: “¿Qué vas a conseguir con esto?”. Le digo “Cumplir un sueño”.

4 vueltas a un circuito, el calor, el viento y el dolor no son suficientes para detenerme. Llego a la zona donde está la familia, Daniel me dice: “allí está tu familia, dedícales tu mejor sonrisa”. Les digo que voy mejor, hago mejor cara y sé que acabo.

Van pasando los km, cardiovascularmente voy perfecto pero van doliendo las piernas de los km acumulados. Últimos km, casi 2 horas en hacer un medio maratón. Pasillo de gente hacia la meta, aplausos y euforia, soy finisher! Mi hija me está esperando para entrar conmigo a meta. ¡Lo hice!

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Tiempo oficial 6h1’13”. Abrazos con la familia y rápidamente a servicios médicos.

Aquí no acaba el reto. Vamos a casa, reponemos algo de fuerzas y reto mental!

Nunca he hecho una simulación de campeonato después de una esfuerzo tan duro. No estoy en el mejor momento en las pruebas mentales y el cansancio me complica concentrarme bien.

Comienzo con decimales en 1 segundo blanqueando, eso que eran 13, lo mismo pasa con los decimales en 4 segundos. Poco a poco me voy sientiendo más centrado y llegan los resultados. Finalmente 6337 puntos.

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Cuerpo y mente al límite. En un reto solidario. Estamos recaudando fondos para que la Fundación Danaus siga ayudando a la educación a familias con pocos recursos. Tu aportación es importante.

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Y después de todo, me queda la esperada ducha y de allí me voy directo a urgencias. Nada grave, las costillas no parecen estar rotas, las magulladuras se curarán y la rotura fibrilar me va a impedir entrenar durante 3 semanas. Hay desgarro del músculo, con reposo y hielo se arreglará en unos días.

Muchas gracias a todos los que seguís este reto, los que colaboráis con el reto solidario y a todos los que me habéis enviado ánimos.

Pronto tendremos el vídeo resumen.