Llevo años trabajando la memoria de opositores y hay una escena que se repite: alguien llega con sesenta temas por delante, un subrayador gastado y la sensación de que estudia mucho y retiene poco. Ha leído el tema seis veces y podría decirte por dónde va cada epígrafe en la página, pero si le preguntas el plazo del recurso de alzada, duda. Las técnicas de memorización existen exactamente para ese hueco entre lo que has leído y lo que puedes recuperar cuando te lo preguntan.
En este artículo tienes las siete que usamos en Escuela de la Memoria, para qué sirve cada una y cómo se encadenan sobre un temario real. No son trucos sueltos: son formas de guardar la información para que tu cabeza sepa encontrarla después.
Qué es la mnemotecnia y por qué leer el tema no basta
La palabra viene del griego «mnémon», el que recuerda, y «tékhne», arte. La mnemotecnia es el conjunto de técnicas que permiten memorizar deprisa, y no es ninguna moda reciente: el primer documento escrito sobre ella cuenta la historia de Simónides de Ceos, un poeta griego del siglo V antes de Cristo que sobrevivió al derrumbe del edificio donde se celebraba un banquete y pudo identificar a cada invitado recordando en qué lugar de la sala estaba sentado. De ahí nació el método de loci, que hoy llamamos palacio de la memoria.
Todo eso viene a resolver un problema muy concreto: leer y repetir no es memorizar, es reconocer. Cuando vuelves a pasar la vista por un texto que ya has visto, tu cerebro lo identifica como familiar y te devuelve una sensación de dominio que en el examen no se sostiene, porque reconocer algo cuando lo tienes delante y recuperarlo de cero con el folio en blanco son dos operaciones distintas.
Tu cabeza no guarda datos, guarda impresiones. Recuerdas perfectamente dónde estabas el día que te llevaste un susto y eres incapaz de retener el plazo de un recurso que acabas de leer, y esa diferencia no tiene que ver con la capacidad sino con la carga sensorial y emocional de cada cosa. Todo lo que viene a continuación consiste en fabricar esa carga a propósito.
La regla que hay debajo de todas las técnicas de memorización
Antes de las técnicas conviene entender el principio que comparten, porque cuando una falla casi siempre es por incumplir esto. Lo llamamos ABSUME y son cuatro reglas para construir las imágenes mentales.
Absurdo. La imagen tiene que romper la lógica. Un ministro firmando un decreto es olvidable; ese mismo ministro firmando con un pulpo en lugar de bolígrafo, no.
Sustitúyelo. Lo que no puedas ver, cámbialo por algo que sí. «Prescripción» no tiene imagen, pero una receta médica gigante sí la tiene.
Muévelo. Las escenas quietas se desvanecen, así que haz que algo pase: que se caiga, que explote, que salga corriendo.
Exagera. Tamaños imposibles, cantidades ridículas, colores que no existen en la naturaleza.
Si una técnica no te está funcionando, en nueve de cada diez casos es porque la imagen que has creado es demasiado razonable. La memoria no premia lo sensato.
Las siete técnicas de memorización y para qué sirve cada una
Cada una de estas técnicas de memorización resuelve un tipo de contenido distinto, y esa es la parte que casi nadie explica.
1. El palacio de la memoria, para temas completos y en orden
Consiste en usar un lugar que conozcas bien —tu casa, el trayecto al trabajo, el gimnasio— y colocar en puntos concretos de ese recorrido la información que quieres recordar, para después recorrerlo mentalmente y recoger lo que dejaste. Sirve para lo que ninguna otra resuelve igual de bien, que es mantener el orden, y en una oposición eso pesa mucho porque los temas van por epígrafes numerados y el tribunal espera esa secuencia.
Un ejemplo de cómo se aplican estas técnicas de memorización a un tema real: los órganos constitucionales. Entras por la puerta de casa y ahí está la Corona, en el perchero el Congreso, en la cocina el Senado, en la nevera el Gobierno, en el horno el Poder Judicial y en el salón el Tribunal Constitucional. Al día siguiente no repasas el tema: recorres tu casa, y los órganos van apareciendo en el orden en que los pide el epígrafe.
Elige el espacio, fija el recorrido y no lo cambies nunca. Necesitarás entre doce y veinte puntos para un tema medio, y un tema denso de derecho puede pedirte treinta. En cada punto colocas la imagen de un epígrafe, no del tema entero. Puedes reutilizar el mismo palacio para otro tema, pero deja pasar tres semanas o las imágenes se interfieren entre sí.
2. DESUSE, para las palabras que no puedes visualizar
Aquí es donde se atasca casi todo el mundo, porque el palacio funciona muy bien con objetos y un temario jurídico está lleno de conceptos que no evocan ninguna imagen: subsidiariedad, caducidad, potestad reglamentaria. DESUSE parte la palabra en trozos que sí puedas ver y sustituye lo que no funcione.
«Caducidad» se convierte en «caduca» más «edad», y ya tienes un yogur caducado con barba de anciano. «Subsidiariedad» se rompe en «submarino» y «silla», y aparece un submarino emergiendo con una silla clavada en la torreta. No busques la división perfecta: busca la que a ti te evoque algo con claridad, aunque a otra persona le parezca disparatada, porque cuanto más personal sea la asociación mejor la vas a recordar.
3. El fichero numérico, para artículos, plazos y fechas
Los números son el punto ciego de la memoria visual y una oposición está construida sobre ellos: números de artículo, plazos en días, porcentajes, cuantías, años. El fichero convierte cada cifra en una imagen fija que no cambia nunca, de modo que el 1 puede ser una vela, el 2 un cisne y el 3 unas esposas, y una vez lo tienes montado del 0 al 99 cualquier número se traduce solo en una escena.
El artículo 14 de la Constitución deja de ser un número y pasa a ser lo que hayas asignado al 14 haciendo algo con una balanza, y el plazo de un mes del recurso de reposición se convierte en una escena que ya no se confunde con los tres meses de la alzada. Un opositor lo usa a diario sin darse cuenta: el número de un artículo que acaba de leer, el plazo que aparece en el tema de esa mañana, el porcentaje de una cuantía. Montar el fichero te lleva una tarde y es la inversión con mejor retorno de toda esta lista, porque lo vas a usar en cada tema y durante toda la oposición.
4. Los acrónimos, para listas cerradas y cortas
Coges la inicial de cada elemento de una lista y formas con ellas una palabra o una frase. En un temario de oposición funciona bien con listas de entre tres y siete elementos que no cambien de orden, como los principios de actuación de la Administración o los órganos de un organismo concreto, y funciona mal en todo lo demás porque un acrónimo te da la primera letra, no el contenido. Si no sabes qué había detrás de esa «P», el acrónimo no te salva, así que úsalo como red de seguridad para no dejarte ningún elemento, nunca como técnica principal.
De todas las técnicas de memorización, esta es la que usarás sobre todo el día antes del examen, cuando repasas listas cerradas y lo único que necesitas es asegurarte de que no se te queda ninguna fuera al desarrollar el tema.
5. La cadena de asociaciones, para procedimientos con pasos
Aquí no hay recorrido ni lugar, sino que cada elemento engancha con el siguiente: visualizas el primero interactuando de forma absurda con el segundo, el segundo con el tercero, y así sucesivamente. Es la técnica natural para los procedimientos administrativos, donde lo que importa es la secuencia —iniciación, instrucción, resolución— y cada fase tira de la siguiente sin que tengas que recordar ningún orden numérico. Piensa en el procedimiento sancionador: el acuerdo de iniciación se convierte en un martillo gigante que golpea un pliego de cargos, el pliego se enrolla y se transforma en la propuesta de resolución, y la propuesta acaba dentro de una caja fuerte que es la resolución final. Recorres la escena y la secuencia sale sola, sin recitar nada. Su punto débil es también su estructura: si se te rompe un eslabón pierdes todo lo que venía detrás, así que no la uses para listas largas ni para contenido que necesites recuperar por partes.
6. La historia visual, para relacionar conceptos entre sí
Es una variante de la cadena, pero con argumento: en lugar de asociar los elementos de dos en dos, construyes una escena única donde todos los conceptos del epígrafe conviven y hacen algo juntos. Es la mejor opción cuando lo que necesitas no es una lista sino una relación, como qué órgano depende de cuál, qué ley deroga a qué otra o cómo se articulan tres conceptos que se parecen y se te confunden. El caso típico es el de los recursos administrativos, que se confunden entre ellos: monta una escena donde la alzada sube por una escalera de tres pisos —los tres meses— mientras la reposición se queda abajo mirando un reloj de un mes, y ya no vuelves a dudar en un test. Las historias aguantan mucho mejor el paso del tiempo que las cadenas porque tienen sentido narrativo, así que si un contenido te va a acompañar toda la oposición merece la pena dedicarle el rato de construir una decente.
7. La repetición espaciada, la que hace que todo lo demás dure
Llegamos a la que casi todo opositor se salta y que es precisamente la que decide si las otras seis sirven de algo. Una imagen bien construida puede durarte meses, pero solo si la recuperas, porque la memoria se consolida en el momento en que haces el esfuerzo de sacar algo de tu cabeza sin mirarlo, no cuando lo metes. Repasar releyendo no es repasar, es volver a reconocer.
El esquema que funciona con un temario es sencillo: un primer repaso el mismo día unas horas después, otro a las veinticuatro horas, otro a los siete días, otro a los treinta y después mantenimiento cada dos o tres meses hasta el examen. Llevado a una semana real de estudio: si el lunes por la mañana das tema nuevo, esa misma tarde haces el primer recorrido mental antes de cerrar; el martes lo repasas en diez minutos mientras desayunas; el lunes siguiente cae en el bloque de repaso que tengas reservado, y a los treinta días vuelve a aparecer junto con los otros temas de ese mes. Las cifras exactas importan menos que el principio, que es alargar los intervalos e intentar recuperar siempre antes de mirar.
Cómo se combinan en un temario real
La pregunta que llega siempre a partir de aquí es cuál elegir, y la respuesta es que las técnicas de memorización no se eligen por separado: se encadenan según lo que tengas delante.
Un tema entero con sus epígrafes ordenados pide palacio de la memoria. Los términos jurídicos abstractos que aparecen dentro se resuelven con DESUSE antes de colocarlos en el palacio. Los números de artículo y los plazos van con el fichero numérico. Las listas cortas y cerradas se aseguran con un acrónimo, las fases de un procedimiento con una cadena, y los conceptos que se te confunden entre sí con una historia visual. Y todo lo anterior, sin excepción, necesita repetición espaciada para seguir ahí dentro de tres meses.
Los cuatro errores que más veo
Construir imágenes razonables. Ya lo he dicho arriba, pero es el error número uno con diferencia: si tu imagen podría aparecer en un anuncio, no vale, tiene que incomodar un poco.
Querer memorizar sin haber entendido. Las técnicas codifican, no comprenden, así que si no sabes qué significa un concepto lo que memorizas es una etiqueta vacía que se cae en cuanto el examen la pregunte de otra forma.
Montar el palacio sobre la marcha. El recorrido tiene que estar cerrado antes de colocar nada, porque si vas improvisando puntos mientras estudias acabas con un espacio inestable en el que no confías.
Dejar los repasos para cuando haya tiempo. Es el error que echa a perder las demás técnicas de memorización, porque nunca hay tiempo. El repaso se planifica igual que el tema nuevo o sencillamente no ocurre.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tardo en dominar estas técnicas de memorización? Las primeras asociaciones te funcionan el mismo día. La soltura para aplicarlas a tu temario de oposición sin pensar llega en tres o cuatro semanas de práctica diaria, y el fichero numérico es el que más tarda porque hay que automatizar cien imágenes.
¿Sirven si tengo mala memoria? Precisamente para eso existen. Ninguna de estas técnicas de memorización depende de una memoria privilegiada de partida: dependen de construir bien las imágenes y de repasar, y eso lo puede hacer cualquier opositor.
¿Y si llevo años sin estudiar? Es más frecuente de lo que parece entre opositores y no supone una desventaja real. De hecho suele ser una ventaja, porque no arrastras el hábito de subrayar y repetir, que es el que más cuesta desaprender.
¿Puedo aplicar las técnicas de memorización a un temario que ya he empezado? Sí, y lo recomendable es empezar por los temas que peor llevas, porque notarás antes la diferencia y eso sostiene la motivación mientras te acostumbras al método.
Si quieres ver estas técnicas de memorización aplicadas a un temario real en lugar de leerlas en abstracto, en nuestro entrenamiento gratuito para opositores las enseñamos paso a paso: cómo montar tu primer palacio, cómo construir el fichero numérico y cómo encajar los repasos dentro de tu semana de estudio.