Cómo aprobar un examen tipo test: preparar el temario y responder cuando dudas

Sales del examen convencido de que ha ido bien y luego, con la plantilla delante, resulta que has fallado ocho preguntas que sabías. No es mala suerte: un examen tipo test no mide lo que sabes, mide si eres capaz de distinguir tu respuesta de otras tres muy parecidas y bajo presión. Y eso se entrena aparte del temario.

Aquí tienes las dos mitades del trabajo: cómo estudiar el temario cuando sabes que te van a examinar así, y qué hacer delante de una pregunta cuando dudas entre dos opciones.

Por qué un examen tipo test de oposición no se parece al de la carrera

En un examen de desarrollo puedes salvar una pregunta a medias: escribes lo que sabes, lo ordenas bien y rascas puntos. En un examen tipo test no existe el «más o menos». O señalas la casilla correcta o no la señalas.

Eso cambia tres cosas en tu forma de preparar la oposición:

  • Los distractores están hechos a propósito. Quien redacta las preguntas no busca opciones absurdas, sino tres alternativas que suenen igual de bien que la verdadera. Se diferencian en un número, un verbo o un matiz.
  • Reconocer no basta. Leer el temario hasta que todo te suena crea una sensación de dominio que se desmonta en cuanto ves cuatro opciones plausibles a la vez.
  • El error puede restar. Muchas convocatorias penalizan las respuestas incorrectas, y cuánto restan cambia de unas a otras. Mira las bases de la tuya antes de decidir tu estrategia: no es lo mismo que un fallo te quite un tercio de acierto a que no te quite nada.

Por eso el test se prepara con un método distinto, no simplemente estudiando más horas.

Cómo estudiar el temario para un examen tipo test

La regla que resume todo esto: si el examen te va a pedir que elijas, tú tienes que estudiar eligiendo. Nada de leer y subrayar esperando que se quede.

Estudia recuperando, no releyendo

Leer el tema por quinta vez es cómodo y no deja casi nada. Cerrar el temario e intentar reproducir el epígrafe cuesta, y precisamente por eso funciona. Cada vez que sacas algo de tu cabeza sin ayuda, esa información se agarra un poco más.

Traducido a tu mañana de estudio: lees un epígrafe, cierras, escribes lo que recuerdas, y solo entonces abres para comprobar qué se te ha caído. Eso que se te ha caído es tu material de repaso, no el tema entero.

Convierte el temario en preguntas

Mientras estudias, ve fabricando las preguntas que tú harías si fueras el tribunal. Los sitios donde se esconde una pregunta de test son siempre los mismos: los plazos, las cifras, las enumeraciones, las excepciones y los verbos que cambian la obligación («podrá» frente a «deberá»).

Si un epígrafe tiene cuatro plazos distintos, ahí hay al menos cuatro preguntas. Escríbelas. Estás haciendo dos cosas a la vez: estudiar y construir tu propio banco de test. Si tu temario es jurídico, en cómo memorizar leyes tienes el detalle de cómo trabajar los artículos.

Fichas para lo que se confunde entre sí

Las flashcards no son para el temario entero, son para lo que se te mezcla: dos plazos parecidos, dos órganos con nombres similares, dos procedimientos que se diferencian en un detalle. Una cara con la pregunta, la otra con la respuesta exacta, y las repasas en tiempos muertos.

Lo importante no es la ficha, es que te obligan a responder antes de ver la solución.

Autoexamínate en condiciones de examen

Hacer test sueltos con el libro al lado no vale. Ponte el número de preguntas real, el tiempo real y sin material. Es la única forma de descubrir a qué velocidad lees bajo presión y en qué momento se te empieza a nublar la cabeza.

Y después, la parte que casi nadie hace: repasar los fallos uno a uno hasta saber por qué era la otra opción. Un test corregido y no analizado es tiempo tirado.

Repite con más espacio cada vez

Un tema aprendido hoy y no repasado se cae en días. Repásalo el mismo día, a las 48 horas, a la semana, a las tres semanas. Cada vuelta cuesta menos y dura más, y así llegas a la convocatoria con veinte temas vivos en lugar de dos.

Seis pistas para cuando tengas que elegir sin estar seguro

Estas señales aparecen en preguntas mal redactadas, que las hay en casi todas las convocatorias. No sustituyen al estudio y fallan más cuanto mejor hecho está el examen tipo test, pero cuando has descartado dos opciones y tienes que jugártela, inclinan la balanza.

Tres tienen que ver con lo que dice la opción:

  • La respuesta más larga y detallada suele ser la correcta, porque quien redacta necesita precisión para que sea indiscutible y le salen más palabras.
  • «Todas las respuestas son correctas» acierta más veces de las que falla, sobre todo si ya has verificado que dos de las opciones lo son.
  • «Ninguna de las anteriores» suele ser el relleno, salvo que reconozcas un error claro en el resto.

Y tres, con cómo está escrita:

  • Los absolutos delatan. Una opción con «siempre», «nunca» o «en todo caso» suele ser falsa: el derecho está lleno de excepciones y los enunciados tajantes casi nunca se sostienen.
  • La falta de concordancia canta. Si el enunciado va en femenino singular y una opción está en masculino plural, probablemente sea un distractor mal copiado.
  • Las erratas también. Una opción con una falta de ortografía o un formato distinto suele haberse escrito con menos cuidado, y las correctas se revisan más.

Úsalas como último recurso. Si te ves aplicándolas en veinte preguntas de cien, el problema no es la técnica de examen: es que falta temario.

La estrategia del día: tiempo, orden y qué dejas en blanco

Aquí se pierden plazas que ya estaban ganadas.

Haz dos vueltas. En la primera contestas solo lo que sabes seguro y marcas al margen las dudosas. Así te aseguras de que ninguna pregunta fácil se queda sin contestar porque se te fue el tiempo peleándote con una sola.

Controla el reloj desde el principio. Divide el tiempo entre el número de preguntas y ten claro tu ritmo. Si una pregunta te está costando más de lo que te corresponde, márcala y sigue: vale exactamente lo mismo que las demás.

Decide antes tu política con las dudas. Si tu convocatoria penaliza el error, responder al azar entre cuatro opciones sale mal a la larga; descartar dos y elegir entre las otras dos, en cambio, suele compensar. Si no penaliza, no dejes ni una en blanco. Esto se decide en casa leyendo las bases, no en el aula con el reloj encima.

No cambies respuestas por intuición. Cambia solo si has encontrado un dato objetivo que te demuestre que la primera estaba mal. Los cambios «por si acaso» suelen empeorar el resultado.

Revisa la hoja de respuestas antes de entregar. Comprueba que no se te ha descuadrado una fila. Es un error tonto y devastador, y pasa todos los años.

Los errores que más plazas cuestan

  • Estudiar leyendo y examinarse eligiendo. Si nunca te has puesto a prueba, el día del examen tipo test es la primera vez que lo haces, y se nota.
  • Hacer test sin corregirlos a fondo. El valor está en entender por qué fallaste, no en el porcentaje de aciertos.
  • Fiarlo todo a los trucos. Las pistas de arriba son un salvavidas, no un método.
  • No leer las bases de la convocatoria. El número de preguntas, el tiempo y la penalización cambian tu estrategia por completo, y están publicados desde el primer día.
  • Llegar sin haber simulado nunca el examen completo. Aguantar la concentración durante toda la prueba es una capacidad aparte, y se entrena.

Para empezar hoy: coge el último tema que hayas estudiado, cierra el temario y escríbete diez preguntas de test sobre él. Si te cuesta redactarlas, ahí tienes la respuesta de si lo llevas o no.

Si quieres ver este sistema aplicado a un temario completo, con el plan de repaso y los simulacros, en el entrenamiento gratuito para opositores lo trabajamos paso a paso.