Decían que
NO VALÍA PARA ESTUDIAR
No paraba quieto y me costaba muchísimo ponerme a estudiar. Mis notas eran un desastre.
Cada boletín era una colección de números rojos…
Que si “ vago”…
Que si “despistado”…
Que si “un caso perdido”…
Qué fácil es decirlo desde fuera, ¿verdad?
Pero yo me aburría muuuuuucho estudiando.
En aquel momento no se hablaba tanto de TDAH, pero probablemente era hiperactivo (no aguantaba ni 5 minutos sentado).
Nadie sabía realmente cómo ayudarme; ni mis padres, ni mis maestros, ni mis profesores…
Yo quería mejorar, pero no sabía cómo. Estudiar era una tortura.
No encajaba en el sistema.
No era más listo que el resto, pero tampoco era “tonto”. Ni un inútil, ni un genio. Simplemente, un chico inquieto.









