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Mentes cristalizadas

Recuerdo que en el instituto hacíamos un experimento que consistía en disolver una sal en agua, esto se hacía en 2 recipientes, uno de ellos se dejaba reposar durante unos días hasta que el agua se evaporaba, entonces cristalizaba. El otro estaba en movimiento constante, se calentaba rápidamente y no cristalizaba.

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Este experimento me vino a la mente hablando con Miguel mientras volvíamos de un curso. No pude evitar encontrar un paralelismo con las personas.

Cuando somos niños no paramos de aprender, de hacernos preguntas, de sorprender con reflexiones fuera de lo común. Sabemos que tenemos que aprender.

A medida que crecemos la mente tiende a cristalizar lentamente, cada vez más anclados en nuestras ideas, con menos ganas de aprender, de escuchar a la gente, cada vez más inmóviles.

Por suerte hay plastilina para todos 🙂 Tú tienes el poder de romper esos cristales y de evitar que aparezcan. La solución es fácil, lee, aprende, fórmate, escucha. Imagina hacer algo que nunca hubieras pensado que serías capaz de hacer. ¡Está en tus manos! Y es que da gusto hablar con gente abierta dispuesta a aprender.

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