Da la sensación de que tenemos unas capacidades cerebrales establecidas y que poco podemos hacer por cambiar. Hay dos tipos de papeles o roles que podemos aplicar a nuestra forma de actuar y que afecta a nuestra estructura cerebral: el de actor o el de espectador de uno mismo.

  • Elegir el papel de actor significa que uno se implica de forma activa en conseguir sus deseos y orienta todas sus acciones en una dirección concreta.
  • Elegir el papel de espectador significa ver cómo actúan los demás, a veces opinando bien, otras mal, invirtiendo una gran cantidad de tiempo y energía en ello. Cuando se lleva tiempo como espectador viendo lo que hacen los demás es probable que llegue el pensamiento “si hubiera o hubiese”.

Elegir el papel de espectador también puede llevarnos a la autocomplacencia: nos conformamos con lo que tenemos y aplicamos la canción de Alaska “yo soy así y nunca cambiaré”.

Lo que ocurre a nivel cerebral es justo lo contrario, “ni eres así y siempre estas cambiando”, aunque no lo deseemos, nuestras células cambian a cada momento con el envejecimiento, lo puedes comprobar fácilmente: solo tienes que mirar una foto anterior. Los puntos de vista que teníamos y opiniones cambian de la misma forma: amigos que antes nos caían mal ahora nos caen bien, en un día podemos pasar del enfado a la reconciliación con la misma persona,  podemos pasar de estar deprimidos por una mala noticia a estar alegres porque ha ganado nuestro equipo. Esto indica que el cambio que experimentamos es continuo.

¿Y qué puedo hacer si deseo cambiar mis capacidades cerebrales? Actuar en esa dirección concreta utilizando la plasticidad cerebral, es decir, nuestro cerebro cambia en función de su uso. Esta es una muy buena noticia porque nos permite mejorar las capacidades que deseemos.

Alvaro Pascual-Leone estudió el papel de los cambios plásticos del sistema motor humano cuando se aprende a tocar el piano. Un grupo de adultos que no sabían tocar el piano aprendieron un ejercicio de piano de cinco dedos dos horas al día durante cinco días. En estos participantes, el área cerebral responsable de los movimientos de los dedos se volvió más grande y más activa que la de los individuos control que no habían aprendido el ejercicio. Así, un período relativamente breve de práctica puede influir en el cerebro de manera significativa. Tienes aquí el enlace al artículo del blog: hay plastilina para todos, en el que citamos más estudios sobre ello y hablo sobre la plasticidad cerebral.

Puesto que estamos en un proceso continuo de cambio, tenemos la posibilidad de afectar a esos cambios y hacer lo posible para que nos ayuden a mejorar.

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