Durante este camino, que es la vida, te encontrarás muchas veces con gente a la que admirar, verdaderos ejemplos.

Recuerdo con mucho cariño algunos profesores de los que he aprendido mucho. Y en cualquier ámbito de nuestras vidas nos encontramos con buenos ejemplos. Seguro que puedes pensar en aquel compañero de trabajo al que todos le preguntan, o el que llega siempre puntual y con una sonrisa. Aquel corredor con el que te cruzas cada vez que sales, o el que te ofrece agua sin conocerte. El que sabe mucho de un tema y siempre está dispuesto a compartirlo. Seguro que estás pensado unos cuantos ejemplos.

Ante estos ejemplos podemos tener 2 actitudes:

  • Envidia: provocada por un ego demasiado grande. Si tienes el vaso lleno no verás la oportunidad que representa estar delante de un ejemplo.
  • Aprendizaje: tener buenos ejemplos es una oportunidad de aprendizaje. Modelemos aquello que nos gusta de las personas que son buenos ejemplos.

 

Ahora bien, también nos vamos a encontrar con antiejemplos. En estas situaciones también podemos tener 2 actitudes:

  • Indiferencia: es la actitud habitual ante algo que no te gusta.
  • Aprendizaje: también podemos aprender de aquello que nos parece malo. Un mal ejemplos nos puede servir para reforzar nuestro hábito o para ver las consecuencias de un mal hábito.

¿Y podemos ayudar a un anti-ejemplo? Es la situación óptima.

Las personas tendemos a seguir haciendo lo mismo, a seguir con la misma inercia. Y para que haya un cambio tiene que partir de dentro de uno mismo. Tú puedes plantar esa semilla, de él dependerá que germine o no. Y la mejor forma de plantar la semilla será con tu ejemplo.

Gracias por ser ejemplo!